ARTE DE CONQUISTAR LECTORES, EL, PILAR GORDOA
Paulo, amor mío, siempre habrá una razón para mirar al cielo.
INTRODUCCIÓN
SI UN LIBRO TENÍA MARKETING, SIGNIFICABA QUE ERA UN MAL LIBRO
La sala de cine era pequeña: no albergaba más de 200 butacas, pero había que llenarla. En
aquel entonces los eventos se difundían a través de anuncios en los periódicos, la televisión y la
radio, pero como no había dinero, lo más barato era mandar a hacer volantes y distribuirlos afuera
de las preparatorias y universidades, así como de las plazas comerciales.
Se trataba de un maratón de cuatro horas de Los Simpson con motivo de la presentación del
libro Guía para la vida, de Matt Groening, el cual brindaba toda una serie de consejos para
manejarse por la vida al más puro estilo de Bart Simpson.
El furor de aquel entonces por la serie era inusitado, así que aproveché el contacto que tenía
con la gerente de relaciones públicas de la distribuidora 20th Century Fox para conseguir una sala
de cine gratis, por un día. Ella me facilitó algunos capítulos de la serie para cubrir las cuatro horas
que pensábamos para el maratón.
Recuerdo haber ido al mercado de Sonora, en la Ciudad de México, a comprar sendos costales
de palomitas de maíz —no se podía construir un maratón de Los Simpson sin palomitas— y bolsas
de papel estraza. Mandé a producir un sello de Bart Simpson mostrando el trasero, como aparecía
en el libro, para marcar dichas bolsas y luego llenarlas con las palomitas. Dos colegas me
acompañaron para llevar entre las tres 10 costales. Tardé un par de días en marcar las bolsas con
el sello y en embolsar las palomitas en mi pe-queña oficina.
El evento fue un éxito. La sala se llenó, se vendieron libros dentro y en el pequeño grupo de
personas que asistió se sembró la semilla para cosechar un futuro “boca a oreja”.
Buscarme la vida
He trabajado para la industria editorial por más de 28 años, y durante todo este tiempo he
tenido la fortuna de obser-var su evolución.
Comencé en 1996, cuando fui contratada para coordinar el Departamento de Prensa y
Relaciones Públicas de Ediciones B, una editorial que en aquel entonces pertenecía al grupo
español multimedia Grupo Zeta.
La sede mexicana para la que fui contratada era pequeña y había muy pocos empleados; las
actividades editoriales no existían como tal, pues no se producían libros localmente, lo que
hacíamos era distribuir los libros que importábamos de la oficina española.
México era visto como un mercado de segundas oportunidades, es decir, un lugar al que
podían llegar los títulos que se habían producido de más o aquellos que no habían funcionado
como se esperaba en el mercado español.
Al hacerme entrega del puesto, la persona que lo dejaba me comentó que el trabajo era muy
fácil: se trataba “de hacerles la barba a los periodistas y de quedar bien con el jefe”. En una
semana me di cuenta de que yo no sabía cómo hacer eso.
Mi iniciación en la industria editorial fue muy complicada: trabajaba medio día y estudiaba la
otra mitad; no recibí ninguna capacitación sobre la rama ni el mercado, salvo por una explicación
muy escueta del catálogo que tenían en la editorial.