IMPERIO FINAL, EL (MISTBORN 1)

porBRANDON SANDERSON

20 minutos

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IMPERIO FINAL, EL (MISTBORN 1), BRANDON SANDERSON Agradecimientos Una vez más, he de dar las gracias a mi maravilloso agente, Joshua Bilmes, y a Moshe Feder, editor no menos sorprendente. Realizaron un trabajo maravilloso con este libro y estoy orgulloso de tener la oportunidad de trabajar con ellos. Como siempre, mis incansables grupos de escritura han sido constantes en su interacción y apoyo. Gracias a Alan Layton, Janette Layton, Kaylynne ZoBell, Nate Hatfield, Bryce Cundick, Kimball Larsen y Emily Scorup. También gracias a los lectores que vieron una versión de este libro mucho más primitiva y me ayudaron a darle la forma que tiene ahora: Krista Olsen, Benjamin R. Olsen, Micah Demoux, Eric Ehlers, Izzy Whiting, Stacy Whitman, Kristina Kluger, Megan Kauffman, Sarah Bylund, C. Lee Player, Ethan Skarsdtedt, Jilena O’Brien, Ryan Jurado y el gran Peter Ahlstrom. También hay unas cuantas personas concretas a las que me gustaría dar las gracias. A Isaac Stewart, que hizo el mapa para esta novela; fue una valiosísima fuente de ideas y pistas visuales. A Heather Kirby, que me dio excelentes consejos para ayudarme con el misterioso funcionamiento interno de la mente de una joven. También agradezco mucho la corrección realizada por Chersti Stapley y Kayleena Richins. Por último, como siempre, doy las gracias a mi familia por su continuado respaldo y entusiasmo, en particular, me gustaría darle las gracias a mi hermano Jordan. Prefacio —Sé fuerte, hijo. En algún momento de 2001 escribí esas palabras, las primeras de una historia a la que, con el tiempo, terminaría poniendo el título de Mistborn. Por aquel entonces el libro era muy distinto: lo protagonizaba un grupo de alománticos que decidían derrocar el régimen de su reino y convertirse en los nuevos dirigentes. El protagonista era un joven que había visto cómo asesinaban a su familia y al que luego criaba su enemigo como su propio hijo y aprendiz. Al final, deseché la idea, pero me encantaban la magia y muchos aspectos de su ambientación. Cuando por fin vendí un libro, Elantris, en 2003, me vi preparado para retomar esa novela y ofrecí a mi editor el relato que ya se ha hecho conocido, el de una banda de ladrones, un emperador inmortal y unos secretos que se remontan miles de años atrás en el tiempo. Aunque Elantris fue mi carta de presentación ante la comunidad de literatura fantástica, Mistborn fue lo que de verdad me consolidó como escritor. A día de hoy, su aproximación modernista a los convencionalismos de la literatura fantástica y la «magia dura» que ha pasado a definir la era de fantasía épica en la que vivo son dos sellos distintivos de mi carrera. A la hora de escribir esta introducción, mi editor me preguntó si sabía por qué Mistborn había resistido tan bien el paso del tiempo. Es evidente que su longevidad no está provocada por un solo factor. De hecho, incluso plantearse un tema como este conlleva el riesgo de caer en la autocomplacencia. Soy muy consciente de que buena parte del éxito o fracaso de un escritor depende por completo de cosas que escapan a su control. El boca a boca, o lo aleatorio de la colocación de la novela en librerías, o llegar en el momento preciso con algo que toca la fibra sensible adecuada. Existen libros mejores que los míos que no encontraron su público, sin que hubiera nada que reprochar a su escritura. Por tanto, la respuesta inicial a esa pregunta, con toda probabilidad, sería: «pura suerte». Dicho eso, tengo alma de académico y no puedo evitar analizar qué es lo que hizo que Mistborn diera la campanada, por así decirlo. De modo que a continuación tenéis algunos posibles factores que me he planteado.

¡Gracias por leer a BRANDON SANDERSON!

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