MITOS QUE NOS DIERON TRAUMAS, LOS, JUAN MIGUEL ZUNZUNEGUI
NOTA DEL AUTORMéxico al psicólogo
Vamos a mandar a México a unas cuantas sesiones de psicoterapia, cinco serán suficientes para
que, analizando algunos de sus mitos, supere los más perjudiciales de sus traumas; lo acostaremos
en el diván y lo enfrentaremos contra sí mismo, para ver si la lógica y la razón logran imponerse
contra dogmas históricos ridículos que lo atan al pasado.
El mexicano es poco colaborador, personalista, egoísta, y no tiene en definitiva el espíritu de
colaboración de otros pueblos; el mexicano no sabe y no quiere trabajar en equipo; es
desconfiado y ve principalmente por su bienestar sin importarle el valor de la comunidad. El
mexicano vive el hoy volteando al ayer; sin pensar en absoluto en el mañana, tiene una
extraordinaria visión a corto plazo, lo que en definitiva no lo hace nada visionario. Pero finalmente
es imposible llegar a un destino cuando sólo se voltea hacia atrás y se sigue viendo el puerto de
partida. Nunca llegará al futuro un pueblo tan obsesionado con su pasado… peor aún, con un
pasado mítico.
Ese carácter del mexicano es una ineludible consecuencia histórica; entendiendo por historia de
México a partir de la conquista del territorio mesoamericano por parte de los exploradores
españoles. Tenemos una personalidad como pueblo que no nos ayuda a superarnos y deberíamos
llevar a cabo una especie de revolución cultural si es que aspiramos alguna vez a ser algo más de lo
que somos.
Un pueblo es su historia; los acontecimientos que se suceden en el devenir del tiempo, y la forma
en que afectan y se perciben, van marcando la idiosincrasia de una nación, su forma de ser, sus
complejos y sus traumas. El hombre es finalmente un ser histórico, y la sociedad, conformada
precisamente por un conjunto de seres históricos, se hace así de un inconsciente colectivo, una
especie de espíritu popular que rige en gran medida los pensares y actuares de una nación.
Ésta es la única forma de explicar que, a pesar de que los seres humanos que forman la sociedad
son perecederos, el espíritu de estas sociedades no cambia. Podemos hablar de la arrogancia de
los argentinos, la flema aristócrata de los ingleses, lo aguerrido de los alemanes, la sensibilidad de
los franceses y la visión mesiánica de los gringos, por poner sólo algunos ejemplos. Y aunque toda
una generación muera, estos pueblos no cambian su forma de pensar, es parte de su inconsciente
colectivo, y éste tiene que ver con su historia.
Nuestra historia, como la de todos los países, está llena de mitos y mentiras; algunos que han
surgido popularmente y otros creados desde arriba, desde las cúpulas de poder; unos inocentes y
otros terriblemente perjudiciales. Todos ellos, finalmente, conforman nuestro ser histórico y nos
dan identidad.
Será labor en este libro tratar de brindar breves versiones alternativas de la historia que nos
ayuden a comprender nuestro carácter, nuestros ideales y nuestros complejos de hoy. Y es desde
luego el sueño que esta particular versión irreverente y alternativa de la historia y de nuestra
psicología colectiva ayude a producir en el mexicano el cambio cultural y de pensamiento que
tanto necesitamos para poder progresar como país, como personas y como sociedad.