Scattered Showers: Lluvias dispersas, RAINBOW ROWELL
Medianoches
Diciembre 31, 2014, casi medianoche
Hacía frío en el patio, bajo la terraza.
Gélido. Oscuro.
Oscuro porque Mags estaba afuera a medianoche y oscuro porque se hallaba entre las
sombras.
Éste sería el último lugar donde alguien pensaría en buscarla…, cualquiera, pero en especial
Noel. Se iba a perder de la parte emocionante.
Gracias a Dios. Mags debió haber pensado en esto hace años.
Recargó la espalda contra la casa de Alicia y empezó a comerse el Chex mix que sacó de la
casa. (La mamá de Alicia hacía el mejor Chex mix). Mags alcanzaba a escuchar la música que
tocaban en el interior, pero de repente ya no: buena señal. Significaba que la cuenta regresiva
había iniciado.
—¡Diez! —escuchó gritar a alguien.
—¡Nueve! —empezaron a corear más personas.
—¡Ocho!
Mags se perdería de todo. Perfecto.
Diciembre 31, 2011, casi medianoche
—¿Eso tiene frutos secos? —preguntó el chico.
Mags hizo una pausa y sostuvo la galleta untada de pesto y queso crema frente a su boca.
—Creo que tiene piñones… —dijo, e hizo bizco para poder enfocarla mejor.
—¿Los piñones son frutos secos?
—No tengo idea —dijo Mags—. Pero crecen en pinos, ¿no?
El chico se encogió de hombros. Tenía el cabello castaño enmarañado y unos ojos azules muy
abiertos. Traía puesta una camiseta de Pokémon.
—No creas que soy una experta en frutos secos —dijo Mags.
—Yo tampoco —dijo él—. Aunque podrías pensar que sí porque si me como uno
accidentalmente, me podría morir. Si existiera algo por ahí que te pudiera matar, ¿no tratarías de
convertirte en experta en eso?
—No sé… —respondió Mags. Se comió la galleta de un bocado y empezó a masticar—. No sé
mucho sobre cáncer. Ni sobre accidentes automovilísticos.
—Sí… —aceptó el chico y miró la mesa de buffet con tristeza. Era delgado. Y pálido—. Pero los
frutos secos son especialmente agresivos conmigo, es un tema personal. Son más como asesinos
que como, no sé, peligros posibles.
—Vaya —dijo Mags—, ¿qué les hiciste a los frutos secos?
El chico rio.
—Me los comí, supongo.
La música, que había estado sonando a un volumen muy alto, se detuvo.
—¡Ya casi es medianoche! —gritó alguien.
Ambos miraron a su alrededor. Alicia, la amiga de Mags que iba en su salón, estaba de pie
sobre el sofá. Era su fiesta, la primera fiesta de Año Nuevo a la cual Mags, a sus quince años, había
sido invitada.
—¡Nueve! —gritó Alicia.
—¡Ocho!
Había unas cuantas decenas de personas en el sótano y ya todas estaban gritando.
—¡Siete!
—Me llamo Noel —dijo el chico y extendió la mano.
Mags se sacudió los restos de pesto y frutos secos y se la estrechó.
—Mags.
—¡Cuatro!
—¡Tres!
—Gusto en conocerte, Mags.
—Igualmente, Noel. Felicidades por haber logrado evadir los frutos secos un año más.
—Por poco me derrotan los de ese dip de pesto.
—Sí —asintió ella—. Estuvieron cerca.