Esencialismo

porGreg McKeown

20 minutos

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CAPÍTULO 1

El esencialista

LA SABIDURÍA DE LA VIDA CONSISTE EN ELIMINAR LO QUE NO ES ESENCIAL —Lin Yutang

 

Sam Elliot* es un talentoso ejecutivo en Silicon Valley que se encontró rebasado al límite después de que la empresa donde trabajaba fue adquirida por un negocio burocrático más grande. Tenía la firme intención de ser un buen ciudadano en su nuevo papel, de modo que dijo que a muchas peticiones sin pensarlo bien. Pero, como resultado, se pasaba el día entero corriendo de una junta y de una conferencia vía telefónica a otra intentando complacer a todo el mundo y hacerlo todo. Su estrés se elevaba a medida que la calidad de su trabajo disminuía. Era como si estuviera dedicado exclusivamente a actividades menores y, en consecuencia, su trabajo se volvió insatisfactorio para él y frustrante para las personas que tanto se esforzaba por complacer. A la mitad de su frustración, la empresa le ofreció una jubilación anticipada. Pero apenas hacía unos años que había cumplido cincuenta y no tenía interés en jubilarse. Pensó en comenzar una empre sa de consultoría para hacer lo que ya estaba haciendo. Incluso pensó en vender sus servicios a su antiguo empleador en calidad de asesor. Sin embargo, ninguna de esas opciones parecía muy atractiva.

Así es que fue a hablar con un mentor que le dio un consejo sorprendente: Quédate, pero haz lo que harías como asesor y nada más. Y no se lo digas a nadie. En otras palabras, su mentor le estaba aconsejando que hiciera las cosas que para él fueran esenciales y que ignorara todo lo demás que se le pidiera. ¡El ejecutivo siguió el consejo! Hizo el compromiso diario de ir eliminando las complicaciones. Comenzó a decir que no. Al principio fue tentativo. Evaluaría las solicitudes con base en el tímido criterio: “¿En realidad puedo cumplir esta solicitud considerando el tiempo y los recursos de que dispongo? Si la respuesta era no, entonces rechazaría la solicitud. Le sorprendió gratamente descubrir que, aunque al principio las personas se veían un poco decepcionadas, parecían respetar su honestidad. Motivado por estas pequeñas victorias, fue un poco más allá. Entonces, cuando le solicitaran algo, haría una pausa y evaluaría la solicitud conforme a un criterio más estricto: “¿Esto es lo más importante que debería estar haciendo con mi tiempo y mis recursos en este momento?Si no podía responder con un rotundo, entonces rechazaría la solicitud. Y, una vez más, para su deleite, aunque sus colegas en un principio parecían decepcionados, pronto comenzaron a respetarlo más por su negativa. Animado, empezó a aplicar este criterio a todo, no sólo a las solicitudes directas. En el pasado siempre solía ofrecerse como voluntario para presentaciones o tareas que surgían a último minuto; ahora había encontrado una manera de no apuntarse para esas cosas. Antes solía ser uno de los primeros en apresurarse a responder a una cadena de correos electrónicos, ahora se mantenía al margen y dejaba que otros respondieran. Dejó de estar en conferencias telefónicas que le resultaban interesantes unos pocos minutos. Dejó de asistir a la reunión semanal de recapitulación porque no necesitaba esa información. Dejó de asistir a juntas de su calendario si no tenía una contribución directa que hacer. Me explicó: El simple hecho de estar invitado no parecía una razón lo suficientemente importante para asistir.Al principio se sentía algo autocomplaciente. Pero, al ser selectivo, logró obtener espacio y en ese espacio encontró libertad creativa. Podía concentrar sus esfuerzos en un proyecto a la vez. Podía planear a fondo. Podía anticipar los obstáculos y empezar a eliminarlos. En vez de acelerarse tratando de hacerlo todo, podía lograr hacer las cosas adecuadas. Su nuevo compromiso de hacer sólo las cosas verdaderamente importantes y eliminar todo lo demás restauró la calidad de su trabajo. En vez de hacer apenas un milímetro de progreso en un millón de direcciones, comenzó a generar un fuerte impulso hacia lograr las cosas que eran en realidad vitales. Así siguió varios meses. De inmediato descubrió que no sólo aprovechaba más su día en el trabajo, sino que en las tardes tenía más tiempo en casa. ¡Recuperé mi vida familiar! Puedo irme a casa a una hora decente, dijo. Ahora, en vez de ser un esclavo de su teléfono, lo apaga. Va al gimnasio. Sale a comer con su esposa. Para su gran sorpresa, su experimento no tuvo repercusiones negativas. Su jefe no lo reprendió. Sus colegas no se molestaron con él. Al contrario, como se quedó únicamente con proyectos que le resultaban significativos y que eran valiosos para la empresa, comenzaron a respetar y valorar su trabajo más que nunca. Su trabajo volvió a ser gratificante. El puntaje de su evaluación de desempeño aumentó. ¡Terminó con uno de los bonos más grandes de su carrera!

 

En este ejemplo se encuentra la proposición básica del Esencialismo: sólo cuando te das permiso de dejar de hacerlo todo, de dejar de decirles que sí a todos, puedes hacer tu mayor contribución a las cosas que realmente importan. ¿Qué hay de ti? ¿Cuántas veces has lamentado haberte comprometido con algo y te has preguntado: “¿Por qué dije que sí a esto?” ¿Qué tan a menudo dices que sí sólo para complacer? ¿O para evitar problemas? ¿O simplemente porque decir sí se ha convertido en tu respuesta por default? Ahora, déjame preguntarte lo siguiente: ¿alguna vez te has encontrado rebasado al límite? ¿Alguna vez te has sentido al mismo tiempo excedido de trabajo y subutilizado? ¿Alguna vez te has encontrado dedicado a actividades menores? ¿Alguna vez te has sentido ocupado sin ser productivo? ¿Como si siempre estuvieras en movimiento, pero sin llegar a ninguna parte? Si respondiste que sí a alguna de las preguntas anteriores, la salida es el camino del esencialista. El camino del esencialista Dieter Rams fue el diseñador principal de Braun durante muchos años. A él lo guía la idea de que casi todo es ruido. Cree que muy pocas cosas son esenciales. Su trabajo consiste en filtrar ese ruido hasta obtener la esencia. Por ejemplo, siendo un joven de veinticuatro años, en la empresa le pidieron que colaborara en el diseño de una grabadora. En esa época, la norma era cubrir la tornamesa con una tapa de madera o incuso incorporar la grabadora a un mueble para la sala. Sin embargo, él y su equipo eliminaron lo innecesario y diseñaron una grabadora con una cubierta de plástico transparente en la parte superior y nada más. Era la primera vez que se usaba un diseño así y era tan revolucionario que a la gente le preocupaba que llevara a la empresa a la bancarrota porque nadie iba a querer comprarlo. Se necesitó valor, como siempre sucede, para eliminar lo que no es esencial. Para la década de los sesenta, esta estética comenzó a tomar empuje. Con el tiempo, se convirtió en el diseño que seguía cualquier otra grabadora. Los criterios de diseño de Dieter se pueden resumir en un principio que se caracteriza por su sencillez, capturado en alemán en tres palabras: Weniger aber besser. La traducción es: Menos pero mejor. Sería difícil encontrar una definición más adecuada de Esencialismo. El camino del esencialista es la búsqueda incansable de ese menos pero mejor. No significa hacer concesiones de vez en cuando con el principio. Significa buscarlo de manera disciplinada. El camino del esencialista no consiste en hacer propósitos de Año Nuevo de decir no con más frecuencia, ni de limpiar tu bandeja de entrada, ni de dominar alguna nueva estrategia de administración del tiempo. Consiste en hacer una pausa constantemente para preguntarte: “¿Estoy invirtiendo en las actividades adecuadas? Hay muchas más actividades y oportunidades en el mundo que el tiempo y los recursos con que contamos para invertir en ellas. Y, aunque muchas puedan ser buenas o incluso muy buenas, el hecho es que la mayoría son triviales y muy pocas son vitales. El camino del esencialista implica aprender a identificar la diferencia, aprender a filtrar mediante esas opciones y seleccionar las que realmente son esenciales. El esencialismo no consiste en hacer más cosas; consiste en hacer las cosas adecuadas. Tampoco significa simplemente hacer menos por el simple hecho de hacer menos. Consiste en invertir de la manera más inteligente posible el tiempo y la energía para dar nuestra mayor contribución al hacer sólo lo que es esencial. La diferencia entre el camino del esencialista y el camino del no esencialista se puede ver en la imagen anterior. En ambas se ejerce la misma cantidad de esfuerzo. En la imagen de la izquierda, la energía está dividida en muchas actividades diferentes. El resultado es que tenemos la experiencia insatisfactoria de hacer un milímetro de progreso en un millón de direcciones. En la imagen de la derecha, la energía se invierte en menos actividades. El resultado es que, al invertir en menos cosas, tenemos la experiencia satisfactoria de hacer progresos significativos en las cosas que más importan. El camino del esencialista rechaza la idea de que podemos ocuparnos de todo y, en cambio, nos pide que lidiemos con tratos de perder para ganar y que tomemos decisiones difíciles. En muchos casos podemos aprender a tomar decisiones únicas que generarán miles de decisiones futuras, sin agotarnos al hacernos las mismas preguntas una y otra vez. El camino del esencialista significa vivir con planeación, no por default. En vez de tomar decisiones como reacción, el esencialista distingue deliberadamente las pocas cosas vitales de las muchas triviales, elimina lo que no es esencial y luego quita los obstáculos para que las cosas esenciales ? uyan de manera clara y ágil. En otras palabras, el esencialismo es un enfoque disciplinado, sistemático para determinar dónde se encuentra nuestro punto de contribución más alto y luego ejecutar esas cosas casi sin esfuerzo. 


¡Gracias por leer a Greg McKeown!

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