Nadie sale ileso del amor

porAlejandro Ordóñez

10 minutos

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Nota del autor
Como ya te habrás dado cuenta, este no es un libro cualquiera. Si conoces mis libros anteriores, te aviso: este sí que hay que leerlo en orden. Aunque… dependiendo de tu situación sentimental, lo empezarás en un lugar u otro. El libro se divide en tres partes: desamor, amor propio y amor. La rueda de la vida. Nos parten el corazón, nos reconstruimos y lo volvemos a arriesgar.
Así, si estás enamorado, tendrás que empezarlo por la tercera parte; si acabas de salir de una relación, por el principio; y si te estás reencontrando contigo mismo, por el medio. Hay treinta textos de cada categoría, ordenados también de forma cronológica.
No obstante, este libro es tuyo para hacer con él lo que te dé la gana. No seré yo quien te imponga algo. Arriésgate a abrir el corazón, a sanarlo, a sentir todo lo que he sentido yo. Lo que vas a leer son sentimientos que yo he vivido, todo es real. Sea por el principio o por el final, te aseguro que este libro no te dejará indiferente.
Pinta, subraya, rompe, dobla, tacha.
Tú mandas.
Este libro, igual que el corazón, no puede salir ileso del proceso de leerlo.
Prólogo
Una vez, hace mucho, escuché aquello de que «los sueños, sueños son». Y estoy segura de no ser la única que, en algún momento de su vida, ha escuchado esa misma frase.
Para quienes no lo sepáis, esa frase escrita por Calderón de la Barca en su obra La vida es sueño trata de hacer referencia, precisamente, a que la vida es un sueño reflexionando sobre cuál es el límite, qué es realmente la realidad y qué parte es el sueño. En cambio, hoy en día, cada vez que escuchamos esa frase es porque alguien intenta decirnos que estamos soñando demasiado alto y deberíamos poner los pies en la tierra.
Y qué pena. Qué pena que una frase cuyo significado es tan grande haya sido reducida a tan poca cosa. Nadie, nunca, debería decirnos que nuestros sueños son demasiado grandes o que no podemos conseguirlos. Por muy imposible que algo parezca, si luchas por ello, lo lograrás.
Al final, lo único demasiado grande, lo único que está lejos del alcance de nuestras manos, es aquello que no intentamos. Y lo difícil no es luchar por lograr todo aquello que te propones, lo difícil está en ser capaz de ignorar a quienes te repiten constantemente que la vida no es un sueño, y luchar por vivir tu sueño, porque sí, si te lo propones, la vida puede ser el sueño más maravilloso que jamás hayas soñado.
Y si de soñadores va la cosa, Alejandro puede que sea el soñador más grande que he conocido en mi vida. Era tan solo un niño cuando tuvo su primer gran sueño: ser escritor. Y sí, de pequeños todos tenemos sueños, yo misma soñaba con ser una gran astronauta. Pero lo mío fue solo la ilusión de una niña al ver cómo mis dibujos favoritos llegaban al espacio, en cambio, él soñó de verdad. Soñó con publicar libros y compartir su magia por el mundo. Y, aunque escuchó demasiadas veces que «los sueños, sueños son», supo y sabe cómo convertir su vida en su propio sueño.
Porque, si bien alguna vez trató de vivir en una realidad que no era la suya lejos de los libros y las palabras, siempre tuvo claro cuál era su lugar. Vive de sueño en sueño y, poco a poco y con paso firme, los va convirtiendo en realidad. Por eso, hoy estamos aquí otra vez. Yo, escribiendo, y tú, querido lector, leyendo este nuevo pasaje que se encuentra en tus manos. En Nadie sale ileso del amor tienes una nueva puerta hacia el sueño hecho realidad de Alejandro y, aunque tanto en Ojalá te enamores como en Amar(se) es de valientes, te advertí del riesgo que corrías a quedarte atrapado entre sus letras, esta vez no lo haré.
Vive tu vida como quieras vivirla, y no olvides que solo tú tienes el poder de hacer de tu vida un sueño. Mientras tanto, nos vemos pronto, porque yo aquí me quedo. Tratando de vivir mi propio sueño y soñando con ver crecer aún más el de Alejandro.
Tania Naredo


¡Gracias por leer a Alejandro Ordóñez!

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