Contra el cáncer

por Joseph Mercola

5 minutos

Introducción

 Estudiar la salud ha sido mi pasión durante los últimos cincuenta años. Espero que mi historia evite que cometas algunos de los tontos y dolorosos errores que yo cometí a lo largo de mi viaje hacia una salud óptima. En mi experiencia, es mucho más fácil y menos doloroso aprender de los errores ajenos.

 Mi compromiso con una rutina de ejercicio empezó en 1968. El libro Aerobics, del doctor Ken Cooper, disparó mi interés en la salud, el cual eventualmente me llevó a estudiar medicina diez años después. Tristemente, como la mayoría de los entusiastas de la salud durante las décadas de 1960 y 1970, seguí la línea de la dieta baja en grasa y alta en carbohidratos que los medios masivos de comunicación popularizaron durante décadas. Este tipo de dieta es el polo opuesto de lo que hoy considero necesario para prevenir enfermedades crónicas, lidiar con el cáncer y optimizar la salud.

 Siete años en la escuela de Medicina y una residencia como médico familiar fortalecieron el lavado de cerebro y me persuadieron de aceptar el modelo médico convencional, basado en medicamentos, que existe principalmente para tratar los síntomas de una enfermedad. En prácticamente ninguno de esos siete años de entrenamiento aprendí sobre el origen de las enfermedades crónicas comunes; en cambio, mi formación estuvo enfocada en el manejo de los síntomas a través del uso de farmacéuticos y procedimientos médicos.

 En 1995, mi punto de vista dio un giro tremendo. Conocí al doctor Ron Rosedale en un foro con unas cuantas decenas de médicos más, en una reunión en la Academia de Medicina Great Lakes. En ese entonces no me di cuenta de lo afortunado que era al ser de los primeros médicos inspirados por la sabiduría del doctor Rosedale sobre la bioquímica clínica del metabolismo.

 El doctor Rosedale habló durante más de tres horas sobre la necesidad crítica de controlar los altos niveles de insulina para prevenir casi todas las enfermedades cronicodegenerativas rampantes en nuestra cultura moderna, como la diabetes, la obesidad, la enfermedad cardiaca, el cáncer, la artritis y las enfermedades neurodegenerativas.

 Es posible que hayas tenido alguna epifanía similar en tu vida, cuando supiste que estabas frente a una verdad fundamental. En este caso supe que este conocimiento podía tener un impacto en la salud de cientos de millones de personas que desesperadamente necesitaban ayuda.

 Durante los siguientes diez años utilicé los principios que me enseñó el doctor Rosedale, junto con información que adquirí al asistir a decenas de cursos de posgrado sobre nutrición —un tema, cabe decir, que nunca se enseña en la escuela de Medicina—, para refinar continuamente mi comprensión y uso de los alimentos como tratamiento. (Incluso hoy en día la mayoría de las escuelas de medicina no proveen ni siquiera los conceptos más básicos de nutrición.)1

  Fui afortunado al tener el privilegio de utilizar estos principios para atender a más de 25 mil pacientes en mi carrera clínica, y fue enormemente satisfactorio ser capaz de dar soluciones a la mayoría de ellos, muchos de los cuales habían visto a algunos de los médicos más reconocidos, en algunas de las mejores instituciones del país, sin recibir un tratamiento exitoso.

 No es que yo fuera más listo que esos otros médicos. La diferencia es que yo seguí disciplinado, con la mente abierta y diligente en mi persecución de la verdad sobre los cimientos de la salud. Mi injusta ventaja era elemental: yo tenía una mejor comprensión de cómo se cura el cuerpo a sí mismo porque había tomado la decisión de guardar mi distancia de los intereses farmacéuticos. Esta perspectiva me ayudó a enfocar mi búsqueda en las causas de las enfermedades y remediarlas, en lugar de mitigar los síntomas.

 Aunque estaba consciente de la importancia de limitar los carbohidratos refinados y los alimentos procesados, y de remplazarlos con opciones más sanas, casi no tenía idea cuán importante era comer suficientes grasas de alta calidad y activar la habilidad natural del cuerpo para quemar grasa como su combustible principal, en lugar de glucosa. No me había dado cuenta de que aún debía investigar más.

Estamos perdiendo la guerra contra el cáncer porque hemos estado peleando contra el enemigo equivocado

 Veinte años después de que aprendiera la importancia de la insulina, leí Tripping over the Truth: How the Metabolic Theory of Cancer Is Overturning One of Medicine’s Most Entrenched Paradigms, de Travis Christofferson. Tuve una epifanía similar a cuando escuché la cátedra del doctor Rosedale. Esto era algo que tenía el potencial de mejorar radicalmente la salud de millones.

 El argumento que Christofferson explicaba elocuentemente, basado en lo que el doctor Rosedale me había enseñado en 1995, era que el cáncer y casi todas las demás enfermedades crónicas son provocadas por procesos metabólicos deficientes en la mitocondria. Éste es un resultado típico de resistencia en los receptores de insulina y leptina por demasiados carbohidratos netos y la activación de la secuencia metabólica de señalización mTOR por exceso de proteína. Entraremos en detalle sobre estos temas más adelante, pero por ahora es suficiente saber que ésta es la raíz del problema para la mayoría.

 Esto se opone directamente a la consideración convencional sobre la causa de la enfermedad. Durante más de un siglo, el dogma científicamente aceptado ha sido que el cáncer es una enfermedad genética que se desarrolla como resultado de un daño cromosómico en el núcleo de la célula. El descubrimiento de la estructura del ADN por Watson y Crick a mediados del siglo XX, junto con su secuenciación en el siglo XXI, ha servido para reforzar enormemente este punto de vista.

 Por desgracia, la guerra contra el cáncer del presidente Nixon, la cual empezó con la firma del Acta Nacional de Cáncer en 1971, ha sido un fracaso desastroso. Y en 2016, el proyecto del presidente Obama de curar el cáncer está condenado al mismo destino, a pesar de tener un presupuesto de miles de millones de dólares. Hoy, sólo en Estados Unidos, 1 600 personas morirán de cáncer.2 Si ves las estadísticas globales, esta cifra asciende a la impactante cantidad de 21 mil muertes cada día por una enfermedad que, en general, puede prevenirse.3 Las probabilidades de que en algún punto de tu vida desarrolles cáncer o sepas de alguien que tenga cáncer son astronómicamente altas. Lo sorprendente es que las últimas cifras de 2011 a 2013 muestran que casi 40 por ciento de nosotros seremos diagnosticados con cáncer en algún momento de nuestra vida.4 He llegado a ver que estamos perdiendo la lucha contra el cáncer porque los científicos están persiguiendo un paradigma fallido: la mayoría de los cánceres en adultos no son enfermedades por ADN dañado, sino por un metabolismo defectuoso.

La gran mitocondria

 La mitocondria (las pequeñas fábricas de energía dentro de tus células, las cuales utilizan un proceso metabólico para convertir los alimentos que comes y el aire que respiras en energía) se encuentra en el centro de lo que está provocando que tus sistemas biológicos se aloquen en primer lugar, volviéndote vulnerable al cáncer y a la mayoría de las enfermedades crónicas. Cuando grandes cantidades de mitocondrias en tu cuerpo dejan de funcionar adecuadamente, es simplemente imposible permanecer sano. Éste es un cambio muy radical sobre cómo vemos el cáncer y todas las enfermedades crónicas: si la enfermedad empieza como resultado de una disfunción metabólica, podemos curar esa disfunción. ¿Cómo? Eso es lo que te mostrará este libro: cómo elegir cuidadosamente los nutrientes y emplear otras estrategias para encender la habilidad innata de tu cuerpo de prevenir y curar una enfermedad.

 En su forma más resumida, la teoría de la que se desprende este libro es que las decisiones alimenticias que tomas cada día afectan directamente tu mitocondria. Y si tomas decisiones que impulsan la salud de ésta, también haces que sea mucho menos probable dañar el material genético dentro de ella y provocar una reacción en cadena que probablemente resulte en una enfermedad.

 Otro gran impulso que tuve para escribir este libro fue ver a tantos amigos y colegas, incluyendo a Jerry Burnetti, morir de cáncer. No es exagerado decir que Jerry era un genio. Fue uno de los principales expertos a nivel mundial en el tema de agricultura regenerativa y tuve el privilegio de entrevistarlo para mi página web hace algunos años.

 Ver la película Bajo la misma estrella, una tragedia romántica devastadora sobre dos adolescentes con cáncer que se conocen y se enamoran a pesar de su inminente mortalidad, fue otro catalizador para mí. Aunque es increíblemente triste, es una de mis películas favoritas. Si no la has visto todavía o no has leído el libro, te recomiendo muchísimo que lo hagas.

 Creo, como muchos expertos que entrevisté para este libro, que los escenarios trágicos, como la muerte temprana de Jerry y la historia representada en esa película tristísima, son innecesarios porque más del 90 por ciento de los casos de cáncer se pueden prevenir o tratar. Tenía que hacer algo para ayudar a contener la pérdida de tantas personas talentosas y queridas por cáncer.

 Desde que vi la película y leí la obra de Travis, he explorado la Biblioteca Nacional de Medicina para leer las últimas investigaciones, lo que me llevó a cientos de artículos sobre el papel vital de la mitocondria y los factores en juego para optimizar su función. También he obtenido información por medio de entrevistas personales con muchas de las autoridades más respetadas en el área.

Una de ellas es Miriam Kalamian, maestra en Educación, maestra en Ciencias, especialista en Enfermería Clínica, consultora nutricional, educadora y autora especializada en la implementación de tratamientos cetogénicos para personas con cáncer. Miriam es la consultora nutricional preferida del doctor Thomas Seyfried, reconocido ampliamente como uno de los pioneros líderes en la Teoría Metabólica del Cáncer. Miriam ha trabajado con cientos de clientes para adoptar los cambios alimentarios que yo delineo en este libro y ha aportado información y una perspectiva invaluable que podrás leer en las siguientes páginas. Tuvo un papel vital al ayudarme a utilizar lo que aprendí y poder unir las piezas del rompecabezas para ti.

El programa de alimentación que puede sanar tu metabolismo

 Mi meta al escribir este libro es darte una explicación clara, sencilla y racional, basada en la ciencia, que pueda ayudarte a comprender cómo funciona tu cuerpo en un nivel biológico y molecular. También te diré qué alimentos comer, qué estrategias prácticas seguir y las formas de monitorear tu progreso para ayudar a que tu mitocondria mejore; un programa que llamo Terapia Metabólica Mitocondrial (TMM).

 Dicho simplemente, la TMM es un sistema de alimentación que ayudará a tu metabolismo a hacer el cambio de quemar glucosa como tu principal combustible, a quemar grasa. Cuando haces este cambio, optimizas tu función mitocondrial y proteges tu ADN mitocondrial del daño potencial que pudiera conducir a una enfermedad.

 En su nivel más básico, la TMM es una dieta alta en grasa, adecuada en proteína y baja en carbohidratos, sustentada en el consumo de los alimentos disponibles de mejor calidad. Es un cambio considerable a partir de la dieta común, notoria por su exceso de granos refinados, azúcares y grasas de baja calidad. Como verás, los alimentos que conforman la TMM son deliciosos. Suculentos, incluso. Son satisfactorios, absolutamente energizantes y te sacian. Y una vez que hagas la transición hacia la TMM, finalmente estarás libre del hambre, los antojos y los sentimientos de privación que acompañan a la mayoría de los planes alimenticios, también llamados “dietas”, que hay.

 La TMM trata sobre mucho más que los alimentos que consumes; factoriza también cuándo comes, pues los periodos habituales de ayuno mejoran el funcionamiento de la mitocondria y aceleran la transición de quemar azúcar a quemar grasa. (Hablaré extensamente sobre el ayuno en el capítulo 10, pero por ahora puedes estar tranquilo de que la TMM no requiere que pases siquiera un día sin comer; pasas dormido la mayoría de tus horas de ayuno).

 La TMM es para ti si estás enfrentando una o más condiciones serias de salud, como cáncer, diabetes tipo 2, enfermedades neurodegenerativas —como Alzheimer y otras formas de demencia, u obesidad—, o si eres un apasionado de optimizar tu salud mientras desaceleras el proceso de envejecimiento.

 La TMM —entera o en parte— es opcional. Y es maravilloso tener opciones. Tal vez no eres parte del grupo con enfermedades crónicas o no estás en la categoría de los apasionados por la salud ahora, pero si más adelante llegas a ese punto o deseas prevenir una crisis de salud, sabes que hay un poderoso protocolo de curación disponible, capaz de darte el control. Eso no es cualquier cosa.

Es una ciencia naciente, pero puedes cosechar los beneficios ahora

 Por favor comprende que la salud metabólica y mitocondrial es una disciplina naciente y sólo un puñado de investigadores, así como un grupo menor de médicos practicantes, está involucrado activamente en su estudio. Pero creo firmemente que en el futuro, en cierto punto, la terapia metabólica se aceptará como el cuidado estándar no sólo para cáncer, sino para la mayoría de las enfermedades crónicas.

 Por fortuna, tu familia y tú no tienen que esperar diez o veinte años para cosechar esos beneficios. Puedes empezar a mejorar tu salud, prevenir el dolor y el sufrimiento innecesarios, y ayudar a disminuir tu riesgo de desarrollar enfermedades graves como el cáncer al aplicar lo que ya sabemos hoy en día sobre la disfunción mitocondrial.

 Estoy consciente de que gran parte de la información en este libro todavía no es aceptada por la mayoría y muchos la criticarán. Otros pioneros y yo, quienes estamos moviéndonos hacia una visión más incluyente y holística de la salud y la curación, estamos muy acostumbrados a este tipo de reacción cuando mostramos evidencia de que hay una forma más racional y segura de permanecer sanos.

 La primera vez que lo experimenté fue como estudiante de medicina, a principios de la década de 1980, cuando recomendé mejorar la microflora intestinal como una forma de tratar las úlceras en lugar de utilizar prescripciones médicas. Todos mis supervisores me criticaron ampliamente por promover esta nueva idea. Años después fui reivindicado cuando este tratamiento se volvió el cuidado estándar. El doctor Barry Marshall fue el valiente médico familiar que me llevó en esa dirección y veinticinco años después, en 2005, ganó el Premio Nobel de Medicina.

 De la misma manera, fui el primero en advertir públicamente sobre los peligros del medicamento antiinflamatorio Vioxx. Un año antes de que se aprobara para su venta en Estados Unidos, les dije a los lectores de mi revista digital que era un medicamento peligroso porque podía provocar enfermedad cardiaca e infarto. En efecto, cuatro años después de que Vioxx empezara a venderse, Merck lo retiró voluntariamente del mercado, pero no antes de que matara a un estimado de 60 mil personas.5

  Hay muchos ejemplos en la historia de la medicina donde el uso rutinario de productos farmacéuticos y otras intervenciones médicas se aceptan como el “cuidado estándar” durante un periodo de tiempo antes de considerarse completamente equivocados o tóxicos para la salud humana.

 Creo que es momento de retar las suposiciones ampliamente aceptadas sobre las causas y las curas del cáncer. Debemos abrir nuestra mente y reexaminar la evidencia reconociendo primero que la ciencia nunca es determinante y que nuestra comprensión actual de la biología evoluciona rápidamente conforme se realizan y publican más investigaciones objetivas e imparciales.

 Al principio estuve renuente a escribir un libro sobre la disfunción mitocondrial y el cáncer por la probabilidad tan real de que la información se volviera obsoleta rápidamente. Pensé que era mucho más eficiente y efectivo entregar la información en tiempo real, por internet, en mi página web, la cual empecé en 1997, en mis horas libres como médico practicante, y que ha crecido hasta convertirse en uno de los sitios de salud más visitados del mundo, con más de 15 millones de visitantes y 40 millones de consultas dentro de la página al mes. Pero mi equipo me convenció hace alrededor de diez años de que los libros cumplen con un propósito muy valioso: requieren que el autor consolide sus pensamientos en un recurso impreso completo donde todo el material se integra cuidadosamente en un formato fácil de seguir.

 Todavía me preocupa que la información en este libro necesite una revisión en un futuro no muy lejano, pero lo más probable es que pasen varios años antes de que pueda encontrar el tiempo para actualizarlo por completo. Por eso te invito a que te mantengas al tanto de la ciencia emergente al suscribirte a mi revista digital gratuita o al hacer tu propia investigación en www.mercola.com y, por supuesto, leyendo muchas otras fuentes para ayudarte en tu educación y tu dominio sobre temas relacionados con la salud y su cuidado, al igual que tu familia.

 Sigo en contacto con investigadores líderes en el estudio de enfermedades metabólicas y reviso activamente estudios nuevos conforme son publicados. Publicaré actualizaciones regularmente en mi revista digital gratuita en www.mercola.com, así que puedes ser uno de los primeros en conocer nuevos desarrollos científicos y recomendaciones. Ha sido muy gratificante ver el impacto que esta información ya ha tenido al ayudar a que la gente cobre conciencia, tome poder y recupere su salud sin el uso de productos farmacéuticos potencialmente tóxicos y peligrosos. Espero que este libro ayude a millones a hacer lo mismo.


¡Gracias por leer a Joseph Mercola !

Leíste 5 minutos

Todos los derechos reservados Penguin Random House Grupo Editorial

Aviso de privacidad