Cambia de hábitos (Colección Vital)

por Valeria Lozano Arias

3 minutos

Introducción

       Es posible que estés sumamente confundido en cuanto a temas de salud y nutrición, puesto que nunca, como hoy, hemos tenido más información a la mano… ni más enfermedades tampoco. Por ejemplo, después de años de satanizar la yema de huevo, ahora resulta que es buena, y los tan aclamados edulcorantes artificiales sin calorías, incluso recomendados por profesionales de la salud, no resultaron beneficiosos ni te hacen perder peso. No pretendo confundirte más ni que creas todo lo que yo digo. Estoy lejos de tener la verdad absoluta; de hecho, gracias a que estoy consciente de no tenerla, sigo aprendiendo, aún estudio, investigo y cambio.

 

       Quiero que seas capaz de crear tu propio estilo de alimentación basado en lo que te comparto y en el hecho de que eres quien conoce realmente tu organismo, tu cuerpo y sus procesos, tu presupuesto y tu estilo de vida. Nadie mejor que podrá determinar lo que sí se adapta a tus necesidades y lo que puedes dejar para después o para una segunda etapa. Te puedes curar a ti mismo mientras sepas cómo hacerlo; así que yo te comparto la información y tú te encargas de lo demás, ¿estás de acuerdo?

 

       Mi objetivo no es darte otra dieta más para que la hagas y la dejes después, quiero mostrarte que el cambio de hábitos es la única solución a la crisis de salud mundial que vivimos hoy en día. Si realizas un cambio paulatino, pero permanente, verás los beneficios de tener una percepción distinta de la comida, te harás amigo de tu cuerpo y lo aceptarás al mismo tiempo que lo mejoras. Tu cuerpo te tratará como tú lo trates a él, pues hace hasta lo imposible para mantenerte saludable y fuerte con lo poco o lo mucho que le provees de material. Quizá te preguntes por qué quiero compartir todo esto contigo. La respuesta es muy sencilla: quiero que, a través de mi experiencia, aprendas que cambiar de hábitos es sencillo y posible.

 

       Tuve una niñez muy buena en todos los sentidos, incluyendo la alimentación. En casa de mi madre, por una u otra razón, nunca hubo refrescos, dulces ni comida chatarra o no saludable regularmente, además de que no éramos afectos a la comida rápida. Había excepciones, sí, aunque eran pocas. Pero a los 24 años, cuando me mudé a Canadá a estudiar una especialidad, entre toda la comida altamente procesada, la cerveza, el estrés y las desveladas me di cuenta de que no podía dar por sentado mi peso y mucho menos mi salud.

 

       Cuando volví a México, me presentaron la solución fácil: los edulcorantes, las pastillas para adelgazar y todos los productos libres de azúcar, bajos en grasa, libres de calorías, y entonces noté el verdadero cambio, pues hasta mi piel comenzó a resentir todo esto por un alto grado de intoxicación interna. Tenía antojos frecuentes, siempre de alimentos destructivos, que me llevaron a hacer ejercicio extenuante (traducido en cansancio, abuso de cafeína y poco sueño durante el que no descansaba), consumir licuados para crear masa muscular, complementos de proteínas, pastillas termogénicas, suplementos y complementos comerciales de aminoácidos, todo lo que me ayudara a “verme mejor” sin necesidad de cambiar mis malos hábitos.

 

       Afortunadamente, poco tiempo después llegó el momento de comenzar el cambio. Lo primero que hice fue dejar de fumar. Fumé mucho durante muchos años, hasta el día en que un médico me dijo que mi cuerpo estaba altamente intoxicado por la nicotina. Me asusté tanto que ese mismo día, a los 28 años, tras intentar de todo para renunciar a este hábito, finalmente cobré conciencia de lo que significa fumar, acepté que no me había traído ni un solo beneficio y que estaba lista para liberarme de ese vicio. En mi vida social, con el alcohol fue diferente; él me dejó a mí, no yo a él. Cuando empecé a llenar mis vacíos internos, a amarme y aceptarme, cuando comencé a cuidarme por querer estar saludable y no sólo por mejorar mi imagen, de pronto me di cuenta de que ya habían pasado dos meses sin tomar y no se me antojaba hacerlo. Y lo mismo pasó con la cafeína y la falta de sueño. No me propuse dejar de tomar café y no desvelarme, fue algo que mi cuerpo comenzó a hacer naturalmente.

 

       Pero los cambios no suceden de la noche a la mañana. Aun cuando ya se había iniciado el cambio en mí, mi piel seguía lastimada y mis hormonas estaban fuera de control… Pronto vino la mejor prueba: mi esposo y yo decidimos formar una familia. Intenté quedar embarazada, pero no sucedía, así que consulté con expertos y el resultado fue que presentaba perimenopausia, o en el peor de los casos, menopausia precoz. Esto fue para mí un balde de agua fría, sobre todo considerando que tenía 30 años. Mis hormonas no correspondían a mi edad, pero sí a mis hábitos y a mi estilo de vida.

 

       Entonces seguí la tendencia de medicina holística que ya estudiaba y comencé a vivir ese estilo de vida. El primer paso fue buscar alimento para mi alma; necesitaba nutrirme también en ese sentido. Hoy puedo asegurarte que la meditación me salvó y es el primer hábito que recomiendo. Ahora, a mis 35 años, tengo ya dos hijos —concebidos sin tratamientos de ningún tipo—, mis hormonas corresponden a mi edad o tal vez a unos años menos, logré eliminar la obsesión de contar calorías y alucinar lo que comía, y estoy feliz con lo que veo en el espejo, con lo que siento por mí y por los demás.

 

       A lo largo de estas páginas te contaré cómo integré paso a paso los hábitos que tanto recomiendo y que considero buenas herramientas para vivir saludablemente. Este libro es una metodología para cambiar de hábitos: al seguirla, verás de primera mano los resultados, cómo se dan esas mismas mejoras en ti mientras sanas internamente. Cuando el cuerpo comienza un proceso de curación, se cura completo, no por partes; así que si tú lo tratas bien, lo alimentas bien y haces todo en favor de su bienestar, tu organismo premiará tu esfuerzo trabajando de manera eficiente, sin padecimientos, sin almacenar grasa de más, haciéndote ver radiante, con energía, feliz y realizado.

ero… ¿qué significa ser saludable? La respuesta parece tan obvia que todos la damos por hecho, pero la salud realmente no es tan evidente ni está tan garantizada. Por lo pronto, puedo decirte que describir la salud se asemeja a la intención de describir el agua: en ambos casos crees tener la respuesta, pero es más una descripción de cualidades que un concepto acotado. La salud es mucho más que la ausencia de enfermedad, es vivir con vitalidad, con energía, con ganas; es un estado de bienestar y felicidad que brilla por todas y cada una de las células. Cuando uno está saludable, es evidente en nuestros vínculos con los demás, en nuestra apariencia física, en la forma en que nos expresamos y en nuestra forma de vivir. Somos un cúmulo de decisiones, por lo que una persona saludable tendrá hábitos saludables y tomará elecciones diarias que la llenen de positivismo y energía. Ése es el estado de salud al que te estoy invitando, pues aun cuando pienses que estás saludable, créeme, puedes estar mejor y puedes impactar positivamente la vida de otras personas.

 

       Nuestra salud es básicamente el resultado de la interacción de varios factores tangibles e intangibles. Considero que somos seres integrales y por ende nos alimentamos de forma integral también. Así como no podemos dejar de comer durante muchos días, tampoco podemos dejar de nutrir nuestra alma de manera constante: los alimentos deben ser algo más de lo que puedas poner en tu plato, algo más profundo. Podríamos vivir de frutas y verduras orgánicas, granos enteros y germinados, tomando agua, haciendo ejercicio y siendo sumamente ortodoxos en una alimentación natural y alcalina, pero si otras áreas de nuestra vida, como la espiritualidad —y no me refiero necesariamente a la religión—, las relaciones personales y de pareja, el desarrollo profesional y el crecimiento personal, no se encuentran en balance, puedes mermar gravemente tu bienestar:

 

alimentos para el alma + alimentos para el cuerpo = salud integral

 

       Las decisiones que tomes correctamente respecto a tu alimentación son las que harán que te sientas —y por lo tanto te veas— saludable. El alimento es nuestra principal medicina preventiva, sin embargo, en la actualidad lo vemos sólo como parte de una actividad que debemos realizar en el menor tiempo posible. Hemos perdido el objetivo fundamental de la alimentación: nutrirnos. Antes, el ser humano buscaba alimentos diariamente, vivía para alimentarse. Incluso en la actualidad existen comunidades que no están inmersas en el ritmo acelerado de las urbes, cuyos miembros cultivan y cosechan, intercambian sus productos, cuidan a los animales que les dan alimento y a la tierra que les provee su comida, mientras que la mayoría de nosotros, debido al ritmo de vida en la ciudad y por cambiar salud por practicidad, terminamos abriendo un empaque que simula alimento y lo metemos en una máquina que lo calienta en menos de un minuto por medio de radiación. Eso no es alimentarnos, es matar la sensación de hambre para que no dé lata, y está lejos de nutrirnos.

 

       Hemos perdido totalmente la conexión que teníamos con los alimentos y la hemos reducido a llenar un hueco en el estómago. Nos encontramos tan desconectados que estamos heredando a los niños esta misma desconexión. Es triste ver cómo ahora piensan que un cereal es una caja con dibujos y no un grano entero que se da en la naturaleza. Cada vez hay más niños a quienes “no les gusta” el agua natural porque siempre han tomado refrescos o aguas de sabor industrializadas, y claro, el agua natural ya no es suficiente para sus papilas gustativas viciadas con aditivos. ¡He llegado a ver refrescos en biberones de niños menores de un año!

 

       En este libro aprenderás que sólo existe un tipo de alimentación. ¿Cuál? Valga la redundancia: “la que alimenta”. El término “mala alimentación” no me parece enteramente adecuado pero, para fines prácticos, lo usaré. Si le das a tu cuerpo algo que lo intoxica, que no lo deja funcionar y que no lo nutre, el resultado, ahora o después, será un mal funcionamiento, aunque a mí me gusta más el término “enfermedad”. La contraparte de esto es la alimentación que el cuerpo requiere, la adecuada, la que realmente nutra nuestras células y le permita a nuestro organismo extraer lo que requiere y eliminar lo que no necesita. El ideal es una alimentación que nos lleve por el camino de la salud, que nos provea suficiente energía para llevar a cabo nuestras funciones, y no me refiero sólo a la energía para hacer ejercicio, sino a la energía para llevar a cabo las operaciones vitales básicas: la circulación, la respiración, las funciones cerebrales, la digestión, incluso la capacidad para razonar.

 

       Necesitamos una alimentación que promueva un descanso reparador, que nos mantenga en un peso saludable, que controle nuestro apetito y los antojos, que nos dé un sentido de bienestar, orqueste nuestra función hormonal general y nos mantenga conectados con nuestro cuerpo, conscientes de los alimentos que nos hacen bien y los que no, pues el canal de comunicación entre nuestro cuerpo y nuestra atención se encuentra despejado. Cuando nos sentimos mal constantemente es difícil saber que tenemos la opción de sentirnos bien; sin embargo, cambiar de hábitos hará que tu cuerpo te recuerde con malestar cada vez que quieras volver a los malos hábitos anteriores. En la actualidad, tristemente, el concepto de alimentarte de manera adecuada o comer saludablemente les suena a todos como “estar a dieta” o que “te estás cuidando”. La realidad es que todos nos deberíamos cuidar y deberíamos alimentar nuestro cuerpo para que funcione, lo que no tiene nada que ver con estar a dieta. Necesitamos aprender qué comer y qué no. Necesitamos dejar de cubrir los síntomas y comenzar a indagar la raíz de nuestros problemas. Desafortunadamente nos estamos acostumbrando a sentirnos mal, a estar en procesos de reproducción asistida, a tener cesáreas innecesarias, a dar fórmula en lugar de lactancia, a que alguien (empresa o planta de producción) cocine por nosotros y a que otros sean los responsables de nuestra salud. Es momento de darnos cuenta de que si no se han encontrado “mejores” formas de hacer todo, es porque no son compatibles con nuestro diseño original, con nuestra naturaleza.

 

       Empieza hoy. Sólo necesitas cambiar una cosa. Mi cambio empezó cuando hice algo al respecto, cuando tomé la firme decisión de hacer un cambio. Sí, sólo uno (empezar a tomar jugos de verduras), y aunque pienses que es poco, será un buen principio. No se requiere de una agenda completa de cambios para el día siguiente, sino de voluntad, disciplina y ganas de estar mejor, de sentirte y verte mucho mejor. Por ahora no te agobies por lo que vaya a pasar y sigue con tus ganas de aprender y cambiar. Si lo que has estado haciendo hasta hoy no ha funcionado, es momento de probar algo nuevo. No pierdes nada y ganarás mucho. Imagina que estarás lleno de la energía de alimentos vivos y naturales, y vibrarás con ella, te verás más delgado, con más vida, más libre y más tú. Si no lo crees, no pasa nada, ya lo verás por ti mismo.


¡Gracias por leer a Valeria Lozano Arias !

Leíste 3 minutos

Todos los derechos reservados Penguin Random House Grupo Editorial

Aviso de privacidad