Emprendedor 10%

por Patrick J. McGinnis

5 minutos

 

INTRODUCCIÓN

¿Estás listo para convertirte en Emprendedor 10%?

Si sigues los rápidos cambios en la tecnología, en las oportunidades y en la actitud que dan nueva orientación a la economía global, entonces tal vez ya notaste que surge un movimiento. Para donde voltees, la gente acepta con los brazos abiertos la iniciativa empresarial, la flexibilidad y la autonomía como nunca antes, incluso mientras mantienen sus trabajos corporativos de tiempo completo. Un recién egresado de la universidad empezó su propio imperio de lobster roll; una diseñadora puso una prós­pera compañía de ropa para niños, y unos amigos del grupo de estudio de la Biblia construyeron una empresa de cerveza arte­sanal. Todos lo hicieron de medio tiempo. Para ellos, la iniciativa empresarial es una opción añadida (en vez de absoluta) que ofrece ganancias y protección contra las pérdidas. Todo esto mientras hace sus vidas más ricas y más interesantes. ¿Por qué no habrías de aplicarla también tú?

 

¿Qué significa ser un Emprendedor 10%? Bueno, dedicarás al menos 10% de tu tiempo y (si es posible) de tu capital, en nuevas inversiones y oportunidades. Al usar tu experiencia y red de contactos, escogerás proyectos que saquen partido a tus for­talezas y complementen tu carrera profesional e intereses. Lo más importante, serás el dueño de todo lo que generes .En una vida puedes transformar muchas cosas: cambiar de funciones, puestos y compañías, pero siempre generarás riqueza para el jefe más importante de todos: tú.

Déjame aclarar algo muy importante desde el principio. Este libro no es anticorporativo ni antitrabajo. De hecho, es lo opuesto. En el transcurso de los siguientes capítulos, aprenderás cómo permanecer completamente comprometido con tu empleo mien­tras obtienes nuevas habilidades que te harán más eficiente en la oficina. Después de todo, hay muchas razones para apreciar tu trabajo fijo. Te ofrece una red de contactos, un lugar para apren­der, tomar riesgos y ser parte de un equipo. Disfrutas oportuni­dades de ascenso, educación e interacción social. Todo esto es invaluable, sin mencionar la razón más que obvia para apreciar tu trabajo: te paga un salario fijo y regular, más beneficios. No se deben dar por hecho ninguna de esas consideraciones, pero (como aprendí del modo difícil), también necesitas buscar más.

Mi viaje para convertirme en Emprendedor 10% empezó cuando era vicepresidente de un fondo de inversión de merca­dos emergentes. Invertí en transacciones de capital de riesgo y capital de inversión en todo el mundo. Esto significaba zigza­guear continuamente alrededor del globo y trabajar en compa­ñías asentadas en Pakistán, Colombia, Emiratos Árabes Unidos, Polonia, Turquía, China y Filipinas. Salvo vivir en un estado permanente de jet lag, amaba mi trabajo. Era la combinación perfecta de viajes, estímulo intelectual y recompensas financie­ras. El tipo de vida que permitía más de un momento tipo James Bond. Quizá tomaba el metro para trabajar en Nueva York, pero en Estambul, Karachi o Bogotá me mezclaba con gente pode­rosa que cenaba en sus yates o circulaba con guardias armados en VUDs (vehículo utilitario deportivo) blindados.

Tal vez fue por todo ese jet lag que el ataque de la crisis fi­nanciera global de 2008 me agarró desprevenido por completo. Cuando estaba sentado en mi oficina de Park Avenue viendo la crisis que se desplegaba en CNBC, no entendía muy bien cómo todos esos cambios podrían afectarme. Hasta que lo hicieron. Por desgracia, mi fondo de inversión acababa de establecerse dentro de una división de AIG (American International Group).Sí, la misma AIG que tras la crisis financiera fue objeto de bur­la para los comediantes nocturnos, los manifestantes y todos los demás. La compañía sobre la que Paul Hodes, el congresista de New Hampshire, declaró: “Creo que AIG ahora significa Arrogancia, Incompetencia y Ganas de lucrar.”1 ¡Ay! Todavía duele un poco.

Aunque ya estaba escrito lo que sucedería, tardé en proce­sarlo. No tenía sentido.AIG no era un fondo de alto riesgo sexy y atrevido. Era una compañía aseguradora aburrida con un ba­lance de un trillón de dólares. ¡Un trillón de dólares! ¿Qué podía salir mal?

Pues se desmoronó. Incluso el trillón de dólares no pudo salvar a AIG cuando llegó la sangre al río. No importó que mi división de la compañía no tuviera nada que ver con las inversio­nes riesgosas que la quebraron. En cuestión de días, el gobierno de Estados Unidos anunció un plan para nacionalizarla de ma­nera efectiva .En un instante todo cambió. En vez de trabajar para un negocio de un trillón de dólares, estaba bajo la tutela del Estado. En cuanto escuché las noticias, prendí mi laptop y actualicé mi estatus de facebook: “Patrick McGinnis está orgullo­so de trabajar para ti. Atentamente el contribuyente americano.

Ahí fue cuando las cosas se pusieron interesantes. Cuando desperté al día siguiente, algo me pasó. Aunque tal vez mi com­pañía nunca sería la misma y mi futuro era incierto, estaba vivito y coleando. De hecho, me sentía liberado de manera extraña. Tanto, que me cuestioné lo que (según yo) sabía sobre construir una carrera profesional. Pasé los siguientes meses tratando de encontrarle sentido a todo, pero siempre surgía la misma pre­gunta: ¿En dónde me equivoqué? Con el tiempo me di cuenta de que tenía la respuesta frente a mí .De manera ingenua, creía que la seguridad de una compañía me daría todo lo que necesi­taba. Por desgracia, esa estabilidad era una ilusión.

Me considero afortunado. Sin la crisis, habría seguido co­nectado, con la cabeza abajo, los ojos hacia delante y siguiendo el camino establecido. Pensé que mi carrera era a prueba de ba­las porque hice todo al pie de la letra y tenía una maestría en Harvard. Estaba en un error. Ahora era el joven que construyó su carrera entera con el propósito explícito de evitar el fracaso pero que, de hecho, había fallado de un modo espectacular. Tomé la quiebra de AIG, literal y figuradamente, para sacudir mi autocomplacencia.

Todavía quedaba un gran problema. Perdí de vista por com­pleto mi siguiente movimiento. Al avanzar durante toda la pri­mera década de mi carrera en una serie de pasos escalonados, nunca me tomé la molestia de formular un plan B. También había algunas noticias buenas. Ahora estaba libre para buscar un ca­mino diferente y mucho más interesante. Lo único que sabía con

 

certeza era que nunca apostaría la totalidad de mi carrera al destino de una compañía. Fuera de eso, el horizonte estaba bas­tante abierto y tenía muy poco que perder. En el pasado, cami­né sobre seguro y vi cómo todo salió mal, así que era tiempo de tomar un poco de riesgo y considerar la iniciativa empresarial.

Después de darle muchas vueltas, concluí que no podía convertirme en un emprendedor hecho y derecho, al menos por ahora. No tenía ninguna idea grandiosa y no quería dejar la estabilidad de un trabajo fijo. Además, la verdad, no me sentía como un emprendedor.

Durante la primera década de mi carrera observé la iniciativa empresarial como algo para los demás, no para mí. Fui una per­sona que sólo siguió el camino trillado, trabajó para las grandes compañías y se vio encajando de manera perfecta en el estereotipo “hombre de la compañía.” Era suficiente. Gastaba dema­siada energía trabajando en una firma para agregar más cosas a mi carga de trabajoCuando platicaba con amigos que formaban parte de nuevas empresas fuera del trabajo, sonreía pensando: “¿Por qué demonios quieren pasar su tiempo libre trabajando?”

Luego estaba la cuestión del riesgo. La iniciativa empresa­rial era una opción viable para algunas personas, pero yo crecí en una ciudad pequeña de Estados Unidos y le tenía terror al fracaso. Si me eliminaban de Wall Street, no tendría el apoyo de ninguna herencia que me esperara desde hace tiempo, sólo viviría en el sótano de la casa de mis padres. ¿Y si era un sótano remodelado con televisión por cable y un medio baño? No quería perder el prestigio ni (lo más importante) mi che­que quincenal de un trabajo estable por una apuesta insegura. Estaba muy feliz siendo un Emprendedor 10% y quería trabajar para la compañía más grande y segura del mundo.

 

La crisis financiera cambió todo. Mientras sufría por planear mi siguiente paso, decidí que necesitaba crear un nuevo tipo de carrera realizable además de sustentable. ¿Qué sentido tendría hacer cambios si eran demasiado difíciles o radicales para po­nerlos en práctica? Si empezaba desde cero, tenía que ser realis­ta. En vez de convertirme en emprendedor, tal vez encontraría una manera de meter la iniciativa empresarial en mi carrera sin abandonar el trabajo fijo. Quizá lo había hecho al revés, incluso, en vez de pensar en la iniciativa empresarial como algo riesgoso, podría ser mi póliza de seguro.

En los primeros días, cuando empecé a cavilar en este enfoque gradual y más práctico de iniciativa empresarial, les con­té a mis amigos y hasta conocidos sobre mi idea. Muy pronto iba en un avión sentado junto a un tipo que invirtió un poco de dinero en una compañía de juguetes. Luego escuché que un amigo pasaba los fines de semana trabajando en una nueva marca (como inversionista y a cambio de acciones).También supe que un antiguo colega usaba su credibilidad en la escena tecnológica para asesorar startups en todo el mundo. Ellos fue­ron algunos de los primeros Emprendedores 10% que conocí, y aunque todavía no sabía bien cómo describir lo que hacían, una cosa era clara: Todas estas personas habían descubierto algo.

Conforme más me atraía la idea de convertirme en Emprendedor 10% de alguna manera, también me consumían las dudas. Trataba de resolver una creciente lista de preguntas. ¿Cómo debería empezar? ¿Cómo sabría qué hacer? ¿Tenía dinero y tiempo suficientes para dedicarlos a convertir algo en realidad? ¿Qué tan riesgoso sería? ¿Tenía el juicio y la experiencia para tomar bue­nas decisiones?

 

Ahora, después de cinco años y de contestarme esas pre­guntas, creo con firmeza que los Emprendedores 10% no nacen, se hacen. Y tú puedes aprender, igual que yo. Como todas las personas que conocerás en este libro, construí un portafolio de actividades profesionales que reflejan mis habilidades, intere­ses y relaciones. En total, invertí una combinación de tiempo y dinero en doce proyectos empresariales. En siete de ellos, mis acciones son el resultado parcial o completo de una inversión de tiempo (lo cual se conoce como capital de esfuerzo) en vez de dinero.

Al confiar en una metodología clara para seleccionar inver­siones y construir mi portafolio, hago dinero real mientras ge­nero ganancias para el futuro. A la fecha, he cobrado dos veces mi inversión en dinero, y el valor del mercado de participación residual excede diez veces mi inversión inicial. También inver­tí en tres proyectos inmobiliarios que proveen ventajas a largo plazo, además de ingreso actual en forma de dividendos en efec­tivo. Además, al hacer inversiones rentables y productivas, me divierto mucho y trabajo con gente fantástica, algunos de ellos los conocerás más adelante. Ha sido una experiencia tremenda que cambió cómo concebía mi carrera de manera fundamental .De hecho, sólo me arrepiento de una cosa: ¿Por qué no lo em­pecé antes? Si hubiera despertado al día siguiente de la implo­sión de AIG con un portafolio de inversiones que me diera un boleto seguro hasta que mi vida y carrera se estabilizaran, toda la experiencia habría sido mucho menos tensa y dolorosa. En vez de lamentar lo que perdí, habría sido capaz de dirigir mi energía hacia algo positivo: mi 10%.

La buena noticia es que no hay mejor momento que el pre­sente. Este libro te dará las herramientas y la estrategia para

 

integrar la iniciativa empresarial en tu carrera. También contie­ne los buenos consejos que hubiera deseado que alguien me diera hace años. La primera parte “¿Por qué ser un Emprendedor 10%?” establece el contexto del movimiento 10% y explica razones convincentes por las que mucha gente integra la iniciativa empresarial en su carrera. También te presentará los cinco ti­pos de Emprendedores 10%.La segunda parte “Construye tu 10%” te dará una guía paso a paso para formular un plan que te lanzará a la siguiente fase de tu carrera.

A través de este libro conocerás Emprendedores 10% de la vida real: vienen de todas partes del mundo, operan en una gran variedad de industrias y traen diferentes habilidades básicas a la mesa. Incluyen: un diseñador, un ingeniero en software, un agente literario, un vendedor de autos, un productor de infomerciales, un doctor, una ama de casa, algunos estudiantes y unos cuantos abogados. También, personas que trabajan en finan­zas, consultoría, tecnología y distintas posiciones corporativas .A pesar de sus diferencias, estos individuos emplean estrategias similares para lanzar y dirigir su 10% (son completamente repli­cables, así que puedes estudiarlas y luego aplicarlas).

Dedicarse a la iniciativa empresarial de manera complementaria es una decisión más práctica que teórica. No es sólo una idea de moda que nunca aplicarás en la vida real. No necesitas una MBA (Maestría en Administración de Empresas), una li­cenciatura en leyes o cualquier otro grado especializado para entender e implementar la estrategia de este libro. Tampoco vein­te años de experiencia, millones en el banco o vivir en Nueva York, San Francisco o Londres. Sólo debes confiar en tus pro­pias habilidades, tener disposición para buscar ayuda cuando la necesites y las herramientas para empezar.


¡Gracias por leer a Patrick J. McGinnis !

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