Si lo amas, ¡edúcalo! Para adolescentes

por Rosario Busquets Nosti

5 minutos

PREFACIO

CUANDO PENSAR POSITIVO NO BASTA

Estamos en un momento de definiciones, en el que no hay manera de hacernos a un lado o distraernos. O tomamos la responsabilidad de educar a nuestros hijos con la firmeza, la sensibilidad y la inteligencia que requieren los nuevos tiempos, o nos atenemos a consecuencias desastrosas.

Estoy seguro de que al igual que me ocurre a mí, recibirás distintos mensajes por medio de Facebook, YouTube, Twitter, WhatsApp, memes y demás formas de comunicación digital de parte de padres de familia preocupados por el presente y el futuro de sus hijos, y eso está bien. El problema es que cada vez somos más los preocupones que enviamos mensajitos bien intencionados y, francamente, a la vista de la realidad, los resultados siguen siendo muy pobres.

Por eso celebro junto a ti la dosis de sentido común que nos ha traído a una segunda fase: la de la información, la experiencia y el empoderamiento, de la mano de una personalidad como Chayo Busquets que, a través de innumerables conferencias, textos, consultas privadas y su exitoso programa en Stereo Joya 93.7 fm, influye positivamente en la formación de criterios y en el mejor funcionamiento de nuestro sistema familiar desde la perspectiva de la acción, el amor con límites, el interés genuino, los ejemplos prácticos y los resultados

verificables. Chayo está perfectamente preparada y actualizada, su capacidad para el análisis es elevada y la agudeza de su inteligencia le permite ser una eficaz comunicadora porque hace de su intuición una herramienta poderosa que le permite ganarse fácilmente la confianza del lector como lo hace día a día con sus radioescuchas.

Hace mucho tiempo comencé a preguntarme si estaba haciendo aceptablemente bien mi papel de padre, y hoy que mis hijos han crecido (y a la par de ellos algunas dudas) también aparecieron muchas certezas, como que no hay mejores reglas que entender la estratégica importancia de los límites y educar con el ejemplo y no sólo con la teoría. Así es que este libro será un extraordinario ejercicio de introspección, reflexión, orientación y práctica que dará como resultado un camino seguro para ir hacia ese México que todos decimos querer, pero que muy poco hacemos para que suceda.

Chayo no sólo ha sido una gran compañera y aliada en los micrófonos que compartimos por casi 15 años, también es mi amiga y, porque la conozco bien, puedo ver honestamente una gran esperanza para todos en estos días de retos arduos en los que necesitamos de mejores familias; padres presentes, empáticos y firmes, e hijos amorosos y sensibles que apuesten por los valores familiares que crearán un mejor lugar para vivir.

¡Felicidades, querido lector, éste es un paso decisivo y sin duda muy inteligente en tu vida familiar!

M

ariano Osorio

Comunicólogo, líder de opinión, creador del concepto

«La radio inteligente», director de Stereo Joya 93.7

de Grupo Radio Centro

y del portal www.marianoosorio.com

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PRÓLOGO

Al terminar de leer Si lo amas, ¡edúcalo! (2012) empecé a necesitar urgentemente la versión adolescente, ya que me dejó con curiosidad sobre cómo podemos darle continuidad a la educación de los jóvenes durante una de las etapas más movidas de la vida. Me da gusto saber que este libro ya está disponible y que nos invita, de una manera sensata y sensible, a no desistir de continuar educando, y no sólo disciplinando, a nuestros hijos durante una etapa en la que ellos desafían lo que les hemos inculcado, y que sin poderlo decir abiertamente necesitan aún más contención de la que les damos.

En mi práctica privada, constantemente escucho a padres de familia que me dicen que en un abrir y cerrar de ojos se terminó la etapa en la que babeaban pos sus hijos y pasaron a un sincero desconocimiento de la persona que tienen enfrente. Al parecer, hoy en día la jerarquía esta puesta al revés y los adolescentes ahora tienen el control, casi orillando a sus padres a pedirles permiso para educarlos.

Creo que los adolescentes de hoy nos han llevado a cuestionar constantemente la manera como queremos estar involucrados en su vida, y que las nuevas tecnologías y el modus operandi de nuestro mundo nos han intimidado, haciéndonos dudar de cada cosa que hacemos a pesar de tener la intuición

segura de lo que debemos hacer. Entonces nuestro deber de padres entra a una sala de discusión donde damos cabida a múltiples voces y opciones, algunas de ellas realmente fatales; y mientras perdemos tiempo deteniéndonos a buscar “la manera correcta”, el adolescente ya lo googleo (o encontró un artículo publicado en alguna revista con argumentos para discutir por qué debemos darle permiso). Por ende, cuando él ya lo resolvió y lo justifico nosotros aún no hemos completado nuestros propios pensamientos, y nos incomodamos al no poder ser una autoridad respetada.

Frecuentemente escucho frases como: “Le queremos dar todo lo que nosotros no tuvimos”; “No puedo creer que con todas las oportunidades que tiene a su disposición no quiera hacer nada”. Al parecer hemos resuelto todo lo que no teníamos y, de paso, les dimos un poco más para que no sufran naditita. Uber, celulares, iPads, series por internet para las que ya no tienes que esperar ni un momento más para ver toda la historia, cines sin filas, servicios de “tráeme la chela”… El hecho es que no tenemos muchas oportunidades de darles todo lo que sí tuvimos.

Les hemos dado a nuestros hijos herramientas muy sofisticadas sin ocuparnos de darles sentido común y apropiado para usarlas. Con la intención de estar “conectados” con ellos y saber qué hacen, les hemos dado espacio para establecer relaciones en un plano muy distinto en el que nosotros nos relacionábamos. Asumimos que saben manejar las tecnologías mejor que nosotros, pero no nos detenemos a pensar que tuvimos experiencias previas, sin tecnología, que han construido nuestra manera de ver el mundo. Esas mismas mismas herramientas nos han invitado a separarnos de nuestra obligación de educar con palabras, hechos y consecuencias reales; así

olvidamos que nuestro sufrimiento (léase carencias) de adolescentes fue lo que nos ayudó a tener relaciones y trabajos estables, y deseo de algo mejor. Mejor dicho: agencia (ganas).

En este constante querer mantenerlos contentos, hemos logrado justo lo opuesto. En muchas ocasiones me encuentro con

adolescentes frágiles, incapaces de hacer una llamada de teléfono o decidir ante un peligro inminente, y con poco contacto

con el mundo real. Dentro de nuestras mejores intenciones, hemos dejado a nuestros hijos vulnerables ante la realidad, ante las dificultades y ante la frustración. El respeto que teníamos como padres de familia lo hemos cambiado por el respeto a nuestros adolescentes con el afán de que ellos sean escuchados y tengan una voz. Antes temíamos a nuestros padres y ahora tememos a nuestros hijos. Hemos aplaudido lo inaplaudible, con la idea de que es expresión de quienes son, de que debemos dejarlos ser pues ya aprenderán después…

Chayo nos ofrece tener a la mano todo lo que tuvimos. Nos brinda en éstos capítulos argumentos, pensamientos congruentes y reacciones a situaciones cotidianas llenas de sentido común que nos ayudan a poder aplicarlos sin titubear. Nos da lineamientos claros para saber cómo poner límites adecuados durante la etapa adolescente ante la sexualidad, las drogas y las necesidades sociales. Nos alienta a darles a nuestros hijos parámetros conscientes para que puedan crecer con confianza en sí mismos, en su propia agencia, y con resiliencia ante los cambios y problemas, preparándolos para el mundo adulto y protegiéndolos de crecer demasiado rápido. Si bien los adolescentes de hoy tienen un acceso distinto a la información, la recreación y los peligros (que no podíamos ni imaginar en nuestros días) también es cierto que, así como nosotros, no nacen con las herramientas para manejarlos; por ello es momento de

retomar nuestro privilegio como padres (el que nos da el haber ido y venido) y ponernos a laborar en el trabajo más importante de nuestras vidas.

Constantemente me encuentro recordándoles a los padres de familia que no sólo se trata de obediencia y disciplina, sino de educar a alguien que en breve será un adulto por muchos más años que lo que será adolescente. Las herramientas que Chayo nos da, como los límites, candados y consecuencias, son una buena inversión para formar al adulto que le queremos dejar al mundo de nuestros nietos. Confío en que después de leer este libro habrá más padres de familia valientes, resilientes y aguantadores que permitan que sus hijos se eduquen al ganar y perder, al acertar y fallar, y que puedan superar los sobresaltos que puedan tener. Lean, subrayen y pónganse la camiseta de ser adultos y padres de sus hijos.

Erika Nadal

College Counseling/Orientación vocacional


¡Gracias por leer a Rosario Busquets Nosti !

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