Imagen, Actitud y poder

por Lucy Lara

3 minutos

INTRODUCCIÓN

Credibilidad. Ésta es la palabra que viene a mi mente cuando trato

de identificar el hilo conductor que lleva a una mujer de la mano

de su imagen y actitud hacia el poder. Breves instantes toma leer

la apariencia de una persona y construirse una idea sobre ésta.

El corte de pelo, el maquillaje, la ropa, los accesorios, su manera

de sentarse y de mirar dicen miles de cosas sin haber pronunciado

palabra alguna. Pero si habla, su imagen se va construyendo

también por medio del tono de su voz, su acento, el volumen que

usa, si tartamudea o tiene muletillas, si despliega un vocabulario

educado o vulgar, las pausas que utiliza y la cadencia con la que

se expresa. Si a eso se le suma cómo camina, el espacio que ocupa

en la sala de juntas, la forma en que estrecha la mano de sus

clientes… entre otras, estas pistas se convierten en un informe

que sitúan a cada mujer en cierta categoría: inteligente, tonta,

ignorante, débil, insegura, líder, etcétera. Esas conjeturas pueden

ser erróneas o no, pero es irrefutable que son determinantes

para que se abran o cierren puertas y marquen un futuro próspero

o un estancamiento frustrante.

El valor de la imagen que proyectamos es responsabilidad

nuestra, aunque quien la juzga es la sociedad. Sin embargo, son

contadas las mujeres que se percatan de su importancia y la utilizan

a su favor. Quienes se preocupan e intentan depurar su

aspecto, muchas veces terminan por traicionar su autenticidad

para tratar de cumplir con los estándares de lo correcto, cuando

lo que realmente importa es que cada persona talle las facetas

de su estilo con originalidad, comodidad, certeza, coherencia y

propiedad; sin jamás sacrificar su identidad.

Hay rasgos físicos que no se pueden ocultar o transformar.

A una mujer alta se le considera más apta que a una de estatura

baja y el tono de piel que tiene mayor aprecio socialmente es el

de una persona caucásica. Sin embargo, lejos de intimidarse y

sentir vergüenza de una tez oscura, un sobrepeso, los ojos rasgados,

ser muy joven, demasiado madura o tener determinada

orientación sexual, se trata de abrazar tus diferencias, grandes

o pequeñas y encontrar una manera de convertirlas en parte de

tu valor.

¿Cómo debe vestir una mujer para ser tomada en serio en un

ámbito masculino sin perder feminidad o sentirse disfrazada,

como sucedió en los años ochenta cuando miles de chicas se pusieron

trajes de pantalón, saco con grandes hombreras, camisa

y hasta corbata? El tema es más complejo de lo que suena y, más

allá de estar únicamente relacionado con la reacción de los hombres

ante sus colegas mujeres, hay que empezar por reconocer

que todos somos responsables de una red de juicios y descalificaciones

que llevamos a cabo día a día al evaluar el estilo, la personalidad

y la capacidad de los que trabajan con o para nosotros.

En la imagen de una mujer que aspira a una posición alta o

ya ejerce un liderazgo hay una serie de exigencias que no se encuentran

en ningún manual laboral. Son reglas ocultas, no dichas

que, si bien podrían parecer producto del sentido común,

resultan frecuentemente misóginas y machistas, pero que los

miembros de los dos sexos aceptamos en silencio como “buenas

y funcionales”.

Para colmo, tratar el tema de una imagen inapropiada en

el trabajo con una subalterna ya sea a manera de retroalimentación

o como parte importante de su desempeño actual y con

miras a un crecimiento futuro suele no tomarse como crítica

constructiva, sino como agresión sexista si el comentario viene

de un hombre o como una muestra de envidia o celos cuando

quien lo emite es una mujer. La persona que es confrontada con

un argumento que va en contra de su manera de vestir o arreglarse,

muy pocas veces puede recibir esas palabras sin sentirse

avergonzada, herida y violentada, cuando lo que realmente se

pretende es regalarle un trozo de verdad que, aunque sea dura

y devastadora, representa el primer escalón para tomar conciencia

de la trascendencia que tiene la imagen en un ámbito laboral.

Si en lugar de sentirse agraviada, esa chica abriera grandes los

ojos para observar el código de vestimenta que siguen las mujeres

exitosas de su empresa u otras compañías similares, pidiera

ayuda a un asesor de imagen, comprara un libro de estilo o, simplemente,

hablara abiertamente del tema para aprender de sus

colegas, entendería que la inteligencia, el talento, la responsabilidad

y hasta la integridad (por sólo mencionar algunas virtudes

deseables en cualquier contendiente a un mejor puesto) deben

estar envueltas en una vestimenta que las enmarque y las resalte

para ser apreciadas por los demás.

Aprender a vestirse para favorecer la silueta es en sí un reto,

pero lograr que la ropa pueda convertirse en una herramienta

social y de trabajo que te ayude a crecer en tu puesto actual y ascender

hacia una futura meta es el primer objetivo de este libro.

En él encontrarás las claves para construir un guardarropa eficaz,

lleno de estilo, elegancia, autoridad y mucho poder. Conocerás

la forma de invertir en las piezas clásicas e icónicas. Sabrás

elegir la combinación perfecta de ropa para presentar tus ideas

ante tu grupo de trabajo, venderles el proyecto a tus clientes o

lucir como jefe, aunque te falten años para llegar a ese puesto.

Pero lo más relevante es que harás de tus prendas una armadura

capaz de resistir las batallas de cada jornada; sin perder nunca el

estilo ni la confianza en ti misma.

Una vez que domines el arte de vestir y encuentres el guardarropa

que te ayude a ser reconocida, es preciso llegar con la actitud

adecuada para tomar nuevas responsabilidades, emprender

grandes proyectos y demostrar lo que hay en tu cabeza. Es el momento

idóneo para desplegar tu perseverancia, el talento que te

distingue y la fuerza de carácter que te hace insustituible.

En todos los años que he trabajado como líder de un equipo,

me ha quedado claro que mucho más importante que la inteligencia,

el talento o la experiencia de la persona que va a formar

parte de mi grupo laboral es esencial que tenga una actitud positiva.

No sólo me refiero a sus ganas de aprender, su disposición

de adaptarse, saber trabajar en conjunto o en solitario, así

como cumplir con sus funciones en tiempo y forma, sino a que

su presencia ejecutiva me permita confiarle nuevos proyectos

y retos, delegarle responsabilidades y apoyarme en sus fortalezas,

al mismo tiempo que vamos abordando y mejorando juntas

nuestras debilidades.

Frecuentemente olvidamos que nuestro primer enemigo en

el trabajo somos nosotras: nuestras inseguridades, miedos, envidias,

lagunas de conocimiento o falta de aptitud para articular

y presentar ideas, resultados o proyectos. Para colmo, muchas

mujeres no nos sentimos merecedoras de nuestros puestos y en

lugar de adjudicar nuestra posición laboral a nuestros méritos,

pensamos que son resultado de la buena suerte o de que alguien

nos ha confundido por una persona capaz y tememos ser descubiertas

como un fraude. Eso nos hace sentir vergüenza e incluso

culpables de nuestro éxito.

Asistir a la entrevista del trabajo de tus sueños puede sonar

difícil, pero si te dan el puesto, después viene una secuencia de

retos y es indispensable que tengas la habilidad de hablar con

tus superiores, tratar de manera correcta a tus subalternos o dar

una conferencia ante miles de personas con el aplomo y la asertividad

necesarios. Otras herramientas indispensables en ese crecimiento

profesional tienen que ver con un autoconocimiento

y refinamiento de tus valores, talentos y afectos. Sin embargo,

nada de esto será posible si no lo haces con la pasión y el empuje

indispensables para triunfar como mujer, como profesional y

como ser humano, si no te apropias de tu poder.

Cuando te encuentres en el puesto correcto, en donde más

que trabajo parece haber gozo; cuando estés vestida de una forma

en la que no sólo pertenezcas, sino que seas admirada y tengas

tantas responsabilidades como placeres; entonces habrás

llegado a ese estadio que se denomina poder. En esta etapa hay

mucho camino recorrido, la cima se antoja cercana, pero gran

cantidad de personas u objetivos dependen de ti.

El poder es adictivo porque está lleno de adulación, de privilegios

y enormes placeres mundanos. Sin embargo, hay que tener

cuidado con las puertas falsas y los callejones cerrados que

no permiten marcha atrás. Por eso, es importante llegar al éxito

preparadas, conscientes de que somos nuestra propia marca y

que lo más preciado que tenemos en el mundo laboral es nuestro

prestigio.

Llegar a ser CEO, por ejemplo, implica que tu capacidad de liderazgo

te ha hecho construir no sólo un equipo leal y funcional,

sino también mecanismos para que su empresa siga creciendo a

un ritmo sostenido y los frutos del trabajo conjunto sean disfrutados

por todo el personal y sus familias. No obstante, lograr que

este sistema funcione como reloj implica más trabajo interno

que manuales de uso o seminarios para altos ejecutivos.

En la escalera que las mujeres tomamos para alcanzar el poder

nos toparemos con lo que en inglés llaman glass ceiling, que es

como un tablero del juego conocido aquí como Serpientes y es-caleras: un camino lleno de obstáculos. En ese trayecto hay tantas

limitaciones veladas que pocas personas parecen alcanzar la

cima y varias de ellas, cuando parecen estar cerca, se enfrentan

con una gran cantidad de límites invisibles que desaceleran su

ascenso. Eso quedó más que claro con la candidatura a la presidencia

estadounidense de Hillary Clinton y el extraordinario

revés que la regresó al cuadro de inicio, en una carrera que, aparentemente,

parecía muy cerca de la cúspide.

Por fortuna, hay mujeres que lo han logrado y que han podido

esquivar o eliminar por completo a las serpientes que acechan

en su ascenso al triunfo. Esos reptiles que representan los terribles

fracasos o los pasos hacia atrás y que hacen a la persona más

fuerte cuando se superan o hay un triunfo sobre ellas. Por ambiciosa

o próxima que haya sido su meta, estas líderes han podido

realizarse al ciento por ciento. Han resistido, pero también han

sabido pedir ayuda y son generosas cuando se trata de impulsar

a sus colegas para que brillen con luz propia. Escritoras, diseñadoras,

administradoras, deportistas o científicas, no importa la

actividad, nacionalidad, aspecto o sueldo, el punto es que se han

realizado en su carrera y ésta es parte fundamental de su vida

y su autoestima. El poder para ellas no significa ejercer mando

sobre otras personas, sino sentirse dueñas de su destino laboral,

de su vida y de los frutos de su éxito.

En mi carrera como directora editorial de revistas como Elle,

Infashion, Marie Claire y Glamour he sido muy afortunada de formar

parte de algo que me divierte y apasiona. Ese trabajo me

ha llevado a ocupar una silla en la primera fila de los desfiles de

moda en París, lo mismo que a sentarme a cenar con el modelo

más codiciado o entrevistar a la actriz que está a punto de estrenar

tres películas espectaculares en los siguientes meses. Pero

mi mayor privilegio ha sido aprender de mis jefes y colegas el

oficio de editor, así como sentirme feliz de tener la gran responsabilidad

de formar un equipo y lograr que se convierta en mi

familia laboral. Ver con cierta frecuencia cómo las personas a mi

cargo crecen, extienden sus alas y vuelan para encontrar su propia

meta representa un verdadero regalo. Asimismo, es un gran

lujo que mis días estén llenos de cosas que me hacen vibrar y

sentir que nunca dejo de aprender.

Este libro está pensado para ti, para que al llegar al gran futuro

que te espera te hagas cargo de tu carrera; para ello, quiero

que tomes en serio la marca que representas (que eres tú misma),

construyas un prestigio incuestionable y desarrolles todo tu

potencial. Deseo que tu imagen y tu actitud sean un motor que te

llene de energía para subir muchas escaleras y que nada ni nadie

detenga tu crecimiento o corte tus aspiraciones.

Estoy convencida de que la primera persona que tiene que

creer en ti, eres tú. Después, todos coincidirán al reconocer que

estás lista y eres capaz de hacer lo que te propongas. Pasión, entrega

y muchas horas de práctica te esperan, todo ello con el propósito

de prepararte para recibir el poder que mereces. Es hora

de ascender.

¡Disfruta el camino hacia la cima!


¡Gracias por leer a Lucy Lara!

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