QUERIDA IJEAWELE

por Chimamanda Ngozi Adichie

3 minutos

Querida Ijeawele:

Qué alegría. Y qué nombres tan bonitos: Chizalum Adaora. Es preciosa. Solo tiene una semana

de vida y el mundo ya le despierta la curiosidad.

Qué cosa tan magnífica has hecho, traer al mundo a un ser humano. «Enhorabuena» se queda

corto.

Tu nota me hizo llorar. Ya sabes que a veces me emociono como una tonta. Que sepas que me tomo tu encargo –cómo criar a una feminista–

muy en serio. Y comprendo a lo que te refieres con no saber siempre cuál debería ser la respuesta feminista a determinadas situaciones.


Para mí, el feminismo siempre es contextual. No tengo una norma grabada en piedra; lo más parecido a una fórmula que tengo son mis dos

«Herramientas Feministas» y quisiera compartirlas contigo como punto de partida.

La primera es tu premisa, la creencia firme e inflexible de la que partes. ¿Cuál es tu premisa? Tu premisa feminista debería ser: Yo importo.

Importo igual. No «en caso de». No «siempre y cuando». Importo equitativamente. Punto.

La segunda herramienta es una pregunta:

¿Puedes invertir X y obtener los mismos resultados?

Por ejemplo: mucha gente cree que la respuesta feminista de una mujer a la infidelidad del marido debería ser dejarlo. Pero yo creo que

quedarse también puede ser una elección feminista, depende del contexto. Si Chudi se acuesta con otra y lo perdonas, ¿ocurriría lo mismo si tú te acostaras con otro? Si la respuesta es sí entonces la decisión de perdonarlo puede ser feminista

porque no viene moldeada por una desigualdad de género.

Tristemente, la realidad en la mayoría de los matrimonios es que la respuesta a esa pregunta a menudo sería negativa, y por

razones basadas en el género: esa idea de que «los hombres siempre serán hombres», que implica un nivel de exigencia mucho menor para

ellos.

Se me ocurren algunas sugerencias para educar a Chizalum. Pero recuerda que puedes hacer todo lo que propongo y que, aun así, no salga

como esperabas porque a veces la vida tiene esas cosas. Lo importante es que lo intentes. Y que siempre confíes en tus instintos, por encima de todo, porque te guiará el amor a tu hija.


Estas son mis sugerencias:

 


Primera sugerencia


Sé una persona plena. La maternidad es un don maravilloso, pero no te definas únicamente porella. Sé una persona plena. Beneficiará a tu hija.

Marlene Sanders, pionera periodista estadounidense (y madre de un niño) que fue la primera mujer en informar desde Vietnam durante la guerra, una vez aconsejó lo siguiente a otra periodista más joven: «Nunca te disculpes por trabajar. Te gusta lo que haces, y que te guste lo que haces es un regalo fantástico para tus hijos».


Me parece un consejo sabio y conmovedor. Ni siquiera tiene que gustarte tu trabajo, basta con que te guste lo que el trabajo hace por ti: la confianza y plenitud que se derivan de trabajar y ganarse la vida.

No me sorprende que tu cuñada opine que deberías ser una madre «tradicional» y quedarteen casa, que Chudi puede permitirse renunciar

 a una familia con «ingresos dobles».

La gente elige selectivamente la «tradición» para justificar cualquier cosa. Dile que una familia con dobles ingresos corresponde a la auténtica tradición igbo porque antes del colonialismo británico las madres no solo cultivaban la tierra y comerciaban, sino que en algunas zonas de Igboland el comercio era tarea exclusiva de las mujeres. Tu cuñada ya lo sabría si leer no fuera para ella una empresa tan ajena.


Bueno, ha sido un comentario mordaz para animarte. Sé que estás molesta –y con razón– pero en realidad es mejor no hacerle caso. Todo el mundo tendrá una opinión de lo que deberías hacer, pero lo importante es lo que tú quieras y no lo

que los demás quieran que quieras. Rechaza, por favor, la idea de que maternidad y trabajo se excluyen mutuamente.


Nuestras madres trabajaban a jornada completa cuando éramos niñas y hemos salido bien, al menos tú, en mi caso el jurado aún delibera.


Durante estas primeras semanas de maternidad, trátate con indulgencia. Pide ayuda. Espera recibirla. No existen las superwomen. La crianza es cuestión de práctica… y amor. (Desearía que «criar» no se hubiera convertido en un verbo, porque lo considero la raíz de ese fenómeno global de clase media que hace de la «crianza» una travesía inquietante, interminable, cargada de culpa.)

Concédete espacio para fracasar. Una madre novata no tiene necesariamente que saber cómo calmar a un niño que llora. No des por hecho que deberías saberlo todo. Lee libros, consulta internet, pregunta a padres mayores o simplemente aplica el sistema de prueba y error. Pero, por encima de todo, céntrate en seguir siendo una persona plena. Tómate tiempo para ti. Cultiva tus propias necesidades.

Por favor, no pienses que se trata de «hacerlo todo». Nuestra cultura aplaude la idea de las mujeres que «pueden con todo», pero no se cuestiona la premisa del elogio. No me interesa discutir de mujeres «que lo hacen todo» porque es una discusión que da por sentado que las tareas domésticas y los cuidados son ámbitos particularmente femeninos, una idea que rechazo enérgicamente. Las tareas domésticas y los cuidados debieran ser neutros desde el punto de vista del género y deberíamos preguntarnos no si una mujer «puede con todo», sino cómo ayudar a los progenitores en sus deberes comunes en la casa y el trabajo.


¡Gracias por leer a Chimamanda Ngozi Adichie !

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